Clientes suaves, frescos y bajitos de sal
La Vanguardia - Carmen Luque | Julio 27, 2002
Estoy suave, fresca y bajita de sal.” Así se presenta Lilian Díaz, la propietaria del restaurante La Habana Vieja, porque así responden los cubanos cuando se les pregunta qué tal están. Es la manera más rápida que tienen para decir que se encuentran estupendamente. Para viajar a Cuba no son necesarios ni pasaporte ni billetes de avión, basta con traspasar la puerta del local que regenta Lilian en el barrio de la Ribera.
En el vestíbulo cuelga un enorme ventilador que parece mover sus palas al ritmo de los boleros que suenan –“Solamente una vez amé en la vida...”– mientras desde las fotografías que decoran las paredes Olga Guillot, Lucrecia y Celia Cruz hacen los coros –“solamente una vez y nada más...”–. Colores cálidos, frases enmarcadas –“la vida sin amor no tiene sentido”– y la agilidad con la que Lilian se mueve por entre las doce mesas dan la sensación de que más que en un establecimiento público se está comiendo en la casa de esta cubana que llegó a Barcelona hace 20 años.
NO HAY TIEMPO PARA TRES COMIDAS. En Cuba, en vez de decir que no tienen qué llevarse a la boca, dicen, con sorna, que no tienen tiempo de comer tres veces al día. “Sales un día de la isla y al siguiente tienes que comer, así que haces lo que sea. Fue tan duro al principio que de poco me vuelvo patrás y le digo a Fidel que me perdone.” Lilian lo explica todo, bueno y malo, muy suavemente. Los prime- ros 10 años estuvo “cuidando viejitos” y los últimos 10 los ha pasado en este establecimiento. El barrio la tiene enamorada. A cada rincón le encuentra su gemelo cubano del barrio de La Habana Vieja. Compara Santa María del Mar con su catedral; el Museu Picasso con el Museo de la Revolución, y así hasta encontrar parecido a todos y cada uno de los monumentos de ambas ciudades.
CUANDO UNO PIDE, EL UNIVERSO DA. Se sentía mal en Barcelona. “Estaba aislada y sin ningún contacto con mis raíces. Y, mi amor, la nostalgia crece con los años. Yo iba a reventar de nostalgia.” Por otro lado, se dio cuenta de que “gustaba su sazón” o sea que tenía mano para la cocina. “Así fue que me decidí y puse un restaurante.”De hoteles de Barcelona le envían clientes de Miami, Puerto Ricoo Estados Unidos deseosos de saborear Ropa Vieja (carne deshilachada) o Tasado (carne de caballo). Ella tiene una predilección sentimental por el Machuquillo de Elleguá (buñuelos de cerdo con plátano) ya que según la mitología es el alimento que come el dios yoruba que tiene el poder de abrir los caminos.
MULATAS A 4EUROS. En el local también se pueden degustar “mulatas “ (limón, marrasquino, ron, licor de chocolate y frappé) a 4,5 euros, “cubanitos” (hielo, limón, jugo de tomate, tabasco, sal abundante y ron) a 4 y “hemingways” (menta, ron, frappé) a 3,6 euros. Lo que no puede faltar en una mesa cubana es el arroz. “Locomemos de todos los colores. Parecemos chinos y no te extrañe porque el cubano es la mezcla de un negro, un chino y un español.”
SI COCINAS TAN BIEN COMO CAMINAS, ME COMO HASTA LA RASPITA. Todo el personal del restaurante es cubano. “Somos poco amigos del protocolo. Lo que nos gusta es el trato humano, no podemos estar sin comunicarnos.” Por eso es habitual que una vez bajada la persiana, Lilian siga charlando con la clientela. “La gente no viene sólo a comer, viene a conversar. ”Es su receta para que la gente salta con la barriga llena, pero suave, fresca y bajita de sal.
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